
Me siento impelido a cambiar, a asumir que el cambio soy yo y que todo lo que anhelo vivir nace inevitablemente desde dentro de mi, por lo que no puedo esperar que cambien los otros o las circunstancias, o mi señora, o el gobierno, o la bolsa, para que el mundo sea mejor y la vida me sonría.
Yo soy el cambio, yo soy la renovación, y los otros, las circunstancias, vendrán a mi e impactarán mi vida, como una ayuda o como un obstáculo, en cuánto al prisma con que les vea y les reciba.
Eso que constato nuevamente se me reforzó y complementó luego del seminario de Joe Dispenza, al que asistí gracias al regalo de mi amigo Edgardo Vogel, en relación al poder del cerebro. Siempre me resulta fascinante descubrir algo que sabía, algo que había experimentado o al menos algo que intuía. Y hoy, a pesar de que no retuve mucho de las explicaciones científicas que hay detrás de todos estos nuevos descubrimientos en relación a la física cuántica, en particular al cerebro, puedo reforzar mi convicción que la principal fuente del cambio esta al interior de cada uno, pues cuando algo de bien anhela el corazón, todo y todas las circunstancias compilarán para que así sea.
Recuerdo ahora una frase que un día encontré y me impactó: "Un individuo que no cambia debe aburrirse de sí mismo."
Entonces te prometo que haré lo posible para no aburrirme y para por no pedirte que cambies, ya tengo suficiente con intentar crecer y cambiar cada día yo.